Ni de aquí,
ni de allá.
Por:
Osvaldo Antonio Ramírez.
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Se
me hace difícil concebir que una noche entre familiares y amigos
pueda terminar mejor: Pedro Veitía nos propuso que, como colofón,
viéramos "Acaballao, ni de aquí, ni de allá",
la última película en la que trabajó como actor,
basada en una idea propia y con guión de Toni Martín Vila
y Oscar Sánchez, todos bajo la dirección del propio Martín
Vila.
La idea que da pie al guión no pudo ser mejor. Pedro entregó
todo de sí, su propia experiencia, el trauma que lo dejó
marcado en su condición de hombre, "en su condición
humana y cubana". Asumir el papel protagónico ha sido un
tour de force que se impuso el propio Veitía: actuar sobre si
mismo. Nada mejor para la película. Stanislavski dixit.
Rodada en un periplo por toda Cuba -una "mambisada" podría
decirse-, que cubre desde Pinar del Río hasta Santiago de Cuba,
con incursiones a Trinidad, Cienfuegos y Fomento, la tierra natal del
actor, "Acaballao", no es un mero recorrido turístico,
es una cinta documental emparentada con la saga de Michel Moore, "11/9"
y "Browling for Columbine" y con "Swit Havana",
de Fernando Pérez, el referente más ilustre.
La dirección de Toni Martín Vila es certera; su mirada
acuciosa no se deja impresionar por el exotismo del paisaje, ni se empeña
en resaltar zonas deprimentes de la realidad cubana.
La coproducción de Zip Films, Blanc Frame y del propio Pedro
Veitía es un canto a la nostalgia donde todo ha sido concebido:
el reencuentro de Pedro con los seres queridos, con el paso devastador
de la muerte que le ha arrancado a sus padres, el retorno a los espacios
y acontecimientos que lo bordaron por dentro. Comprende entonces su
condición de hombre desarraigado y siente que la vida le devuelve
la puntada y lo sitúa en la eterna disyuntiva, aquella de Hamlet:
to be or not to be, que en la película se traduce en, "ni
de aquí, ni de allá". Todo en "Acaballao"
está lleno de referentes simbólicos: El individuo que,
"luchando" frente al Capitolio de La Habana confiesa que allí
consigue un jabón, a veces un polo, y muestra un bolígrafo:
"mire, este lo quiero para mi nieto", pero que, sin embargo,
ama a Cuba con el corazón a pesar de que antes ha confesado que
lleva un marcapasos porque tiene el corazón "jodío".
Este referente se repite en una de las últimas secuencias: el
andaluz radicado en Barcelona -extranjero en su propia tierra- dice
que su corazón está puesto en Cuba y lleva un parche de
nitroglicerina cardiovascular pegado al pecho.
La cinta se exhibió en el 2005 en el Festival de cine de Catalunya,
en Sitges y en el 2006 participa en la Mostra de cine de Llatinoamerica
de Lleida y en el Festival de cine español de Toulouse. Los realizadores
pretendieron presentarla en el Festival de La Habana pero la oferta
fue declinada, según contaba Pedro Veitía, el más
interesado en que se exhiba al público cubano, su público
por naturaleza.
Más allá del pintoresquismo habitual o socorridas deprimencias
se muestra la realidad sin asomo de pedantería y para ello Martín
Vila no sólo sostiene el hilo conductor en la fotografía
sino en la naturalidad del sonido y la música que, cuidadosamente
seleccionada, se funde con el "ruido" ambiental robándole
por momentos la voz para asumir un papel protogónico.
A la cinta pueden sobrarle algunas escenas de día para aprovechar
más el recurso de la noche como metáfora lo que, para
bien, ocurre con el mar, referente poético, elíptico,
abismo separador que muestra ambas dimensiones: ni de aquí, ni
de allá.
Los rieles del ferrocarril -otra metáfora- se pierden ante la
vista del espectador, paralelas, imposibilitadas de unirse porque están
sujetas por poderosas traviesas, símiles en la vida de Pedro
Veitía, que vive "acaballao" en la dimensión
ya inevitable del exilio.
MAS INFORMACION: http://www.prodocumentales.org/paginas/muestra/sextam/pelis/acaballao.htm
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